En las tierras lejos del hogar tuyo y mío, entre las miradas curiosas y fascinadas, entre las paredes de una casa bonita; allí era el paradigma de la mesura la risa de uno, el ejemplo de cómo pasar desapercibido la de otro. La mía, la mía moría en los labios casi tantas veces como renacía en las entrañas, porque requería el mirarte toda la atención, y el mudo contemplar se anteponía a expresar nada.

Y la tuya... la tuya sonaba en extremo alegre y musical, viva, más radiante que nunca vestida con la moderación, lo tópico y el mutismo nuestro. Natural, descarada, jovial, bizarra.

Y yo sonreía.

Jueves, 11 Agosto 2005 03:08