El mundo arde; nadie puede salvarme, pero tú...
el motivo, el objetivo: contra el fuego el hielo azul.
La esperanza y todo en los ojos de un hombre.
Recuerdos agridulces... y rota la canción desesperada,
quemada por la luz gris y la divina luz dorada;
ahora prometo sólo pensar en ti, el miedo sólo es de cobre.
Ahora, el aliento del poder sopla entre mis recuerdos:
sentir cada movimiento que haces en el alma y en el cuerpo
me hace invencible, inexpugnable, sellado el sobre.
Mas me callo y te marchas y Set asesina otra vez...
Pero navegaré siempre en este barco que cruza como pez
las aguas eternas que nunca, no pueden, ahogan tu nombre.
Y es que tú viste mis océanos secretos, floridos bajo el helor,
y entre los pliegues de mi voz, oculto y herido, el calor.
La llave siguió y abrió las cadenas: más puro que el cristal.
Ahora, ya sé que la vida no me romperá irreversiblemente,
que, como Osiris, muero y renazco en ciclo intermitente
y es por ti que brillan mis ojos hoy y arrostro de nuevo el mistral.
Quiero agradecerte tantas cosas, a ti mi particular Isis,
pero no hago gran cosa hablando, ¡mi expresión está en crisis!
Te has llevado mis palabras con el viento austral.
No, no puedo olvidar este anochecer único repetido y feérico
y me sorprende por cómo entraste en mi vida, el yermo tétrico.
Todo eso ya no importa: dudo sólo cuánto tiempo he de esperar.
Mientras tanto, seguiré recordando el amor bajo el tilo y sonrío.
Hopasse Domingo, 2 Abril 2006 01:39